PHASE II // FASE II

All photos by Gina Clyne

After the initial experience and results of AMBOS in Tijuana in 2016, it became clear that we needed to bring the project to the entirety of the border from Baja/Alta California to the Gulf of Mexico in Texas. Our focus has shifted from the initial launch of AMBOS and expanded to activate and document the entire length of the border at this unique moment in its evolution. Despite myths of a lawless and open frontier in the border region, the reality is that fences and military reinforcement have been put in place in the region for decades. The current physical border fence covers about 580 miles of the 1,989 miles that are the whole length of the border. This fence exists alongside a “virtual border” made up of around-the-clock monitoring and security systems, as well as a heavy presence of border patrol. Areas not fortified with man-made barriers are marked with terrain that makes the journey into the US highly lethal.

One of the first steps in this journey was to find a crew. The team that was assembled was made up of talented and driven individuals, all hand-picked by Tanya for their deeply personal and variously complicated connections to the border.  As a group of seven women artists and activists, coming from various cultural and professional backgrounds, we were carefully aware of each of our specific advantages and skill sets. We were also conscious of the importance of navigating those in environments that are harshly surveilled on one side and have faced a high magnitude of violence, especially against women, on the other side. During this trip, the intensive emotional labor and empathy we each worked with brought us closer to each other more than we could have predicted, and catalyzed our personal journeys in understanding our identities and positions within structures of power. We undertook this journey in an effort to document the border landscape and existing barriers from both sides, to meet with and document the work of artists of each sister city, and to carry out the Border Quipu/Quipu Fronterizo at as many crossings as possible.

At every major border crossing, a different word encapsulated the city’s feelings about the border when we carried out Border Quipu/Quipu Fronterizo. In Tijuana the most common emotion reported was anger, in almost every Arizona crossing the common emotion was fear, in El Paso it was violence. Strikingly, in Douglas, Arizona the prevailing feeling was gratitude. Through our documentation of the border regions, and our interactions with artists on both sides, we found support for these descriptions in the subject matter that artists were working with. The attitude of the Border Patrol in each region seemed to also follow suit.

Our experience working with artists from both sides reflected some widespread societal trends in binational relations. We weren’t able to meet with as many artists on the Mexican side of the border. We found that for artists living and working in Mexico, issues of access, class, and political agency have made it difficult for them to create and share work with political or social messages to a receptive local audience or without fear of consequences. Many artists in the US, without personal connections to Mexico or the borderlands, made work that reflected a frustration with struggles occurring in the region as well as a feeling of impotence at the violence and discrimination that goes on daily, without direct interaction with the community that faces these problems.

Along with performing Border Quipu/Quipu Fronterizo, we invited artists from the border to collaborate with us. The artistic projects created during the road trip include a sound piece using the border fence as an instrument to commemorate the migrants who died attempting to enter the US, a collaborative backstrap weaving through the border fence made in both countries, handing out pan dulce shaped resin sculptures to border commuters, installing wheat paste posters of saints in the banks of the Rio Grande river, and a workshop with community college students. We also met with and interviewed artists working in border communities whose work deals with issues of borders, migration and/or social justice. Through AMBOS, we were able to provide a platform, production support, and access to international audiences and galleries for those who needed it, and worked to ground the efforts of artists in the US by connecting them with real communities on the other side.

Después de la experiencia inicial y resultados de AMBOS en Tijuana en el 2016, fue claro que necesitábamos llevar el proyecto a lo largo de la frontera desde Alta/Baja California hasta el Golfo de México. Nuestro enfoque ha cambiado desde el inicio de AMBOS y se ha expandido para activar y documentar todo el largo de la frontera durante este momento único en su evolución. Contrario a mitos de una frontera abierta y sin leyes, la realidad es que rejas y seguridad militar han sido puestas en la región por décadas. La barrera física actual cubre 980 km del largo total de 3201 km de la frontera, junto con una “barrera virtual” que incluye monitoreo constante y sistemas de seguridad, así como una fuerte presencia de agentes de la patrulla fronteriza. Las áreas que no han sido señaladas con barreras hechas por humanos son marcadas con terreno que hace el viaje a EUA altamente letal.  

Uno de los primero pasos en este viaje fue buscar un equipo. La brigada ensamblada estuvo hecha de individuos talentosos y entusiastas, todas escogidas personalmente por Tanya por sus conexiones personales y complicadas con la frontera. Como un grupo de siete mujeres artistas y activistas, con experiencias profesionales y culturales diferentes, estábamos cuidadosamente conscientes de nuestras ventajas y habilidades. También fuimos conscientes de la importancia de navegar esos ambientes que son vigilados severamente en un lado y sufren una gran magnitud de violencia, especialmente contra mujeres, en el otro.  Durante este viaje, el intenso labor emocional y la empatía con la que trabajamos nos llevó a formar relaciones cercanas, mucho más de lo que hubiéramos predicho. También causó un entendimiento de nuestras identidades personales y  nuestra posición dentro de estructuras de poder. Elegimos este trayecto con el fin de documentar el paisaje y las barreras existentes de la frontera desde ambos lados, hablar y documentar el trabajo de artistas en cada ciudad hermana, y para hacer el Border Quipu/Quipu Fronterizo en el mayor número de cruces fronterizos como fuera posible.

En cada cruce fronterizo, una palabra diferente encapsuló los sentimientos de la ciudad acerca de la frontera cuando hicimos el Border Quipu/Quipu Fronterizo. En Tijuana la emoción más común fue enojo, en casi todos los cruces de Arizona la emoción fue miedo, en Ciudad Juárez fue violencia. Sorprendentemente, en Agua Prieta, Sonora el sentimiento más común fue gratitud. A través de nuestra documentación de las regiones fronterizas, y nuestras interacciones con artistas en ambos lados, encontramos apoyo para estas descripciones por medio de la temática que trabajaban los artistas. La actitud de la patrulla fronteriza también siguió el mismo patrón.

Nuestra experiencia trabajando con artistas de ambos lados reflejaron algunas tendencias sociales en las relaciones binacionales. No pudimos conocer a tantos artistas en el lado Mexicano de la frontera como en el lado Americano. Encontramos que para muchos artistas viviendo y trabajando en México, problemas de acceso, clase y voluntad política han vuelto difícil para ellos el crear y compartir arte con mensajes sociales o políticos a un público local dispuesto a escuchar o sin miedo a consecuencias. Muchos artistas en EUA, sin conexiones personales a México o la región fronteriza, hacían trabajo que reflejaba una frustración con problemas ocurriendo en la región y una impotencia ante la violencia y discriminación que sucede diariamente, sin interacción directa con la comunidad que sufre estos problemas.  

Aparte de llevar a cabo Border Quipu/Quipu Fronterizo, invitamos a artistas de la frontera a colaborar con nosotros. Los proyectos artísticos creados durante nuestro viaje incluyeron una pieza de sonido usando la reja fronteriza como instrumento para conmemorar a los migrantes que han muerto al intentar cruzar a EUA, un tejido en telar de cintura colaborativo hecho en los dos países a través de la reja fronteriza, distribución de esculturas de resina en forma de pan dulce a viajantes fronterizos, instalar carteles con engrudo en la canalización del Río Bravo, y un taller con estudiantes de la universidad comunitaria. También conocimos y entrevistamos a artistas trabajando en comunidades fronterizas cuyo trabajo aborda los temas de fronteras, migración y/o justicia social. A través de AMBOS, pudimos darles una plataforma, ayuda con producción y acceso a un público internacional a aquellos que lo necesitaban, y trabajamos para centrar el esfuerzo de los artistas en EUA conectándolos con las comunidades reales del otro lado.